XXII Edición

Curso 2025-2026

Marta Martín Aragoneses

Más allá del papel

Marta Martín Aragoneses, 15 años

Colegio Stella Maris La Gavia (Madrid)

Lucía no podía creer lo que estaba viendo. Se preguntó si era posible que estuviera frente a Harry Potter, el protagonista de las novelas de J.K. Rowling. Es cierto que, desde que empezó a leer, soñaba con vivir en el interior de sus libros favoritos, y justo al cumplir catorce años aquello se había hecho realidad.

–¿Eres Harry? –le preguntó sin disimular su asombro.

El muchacho de la cicatriz en la frente no pareció escucharla.

Lucía insistió, pero después de llamarle de nuevo y tampoco recibir una respuesta, se encogió de hombros y dio media vuelta, convencida de que era víctima de una alucinación. Fue entonces cuando descubrió que se encontraba en un lugar que había anhelado conocer. No sabía cómo había llegado hasta allí, pero lo cierto es que se encontraba en pie sobre la alfombra del inigualable hall de Hogwarts, el internado para los aprendices de mago.

Sobrecogida, echó a andar. Subió y bajó escaleras, abrió puertas, entró y salió de distintas aulas, descubrió los cuartos de baño, las habitaciones… Todo era tal y como ella se lo había imaginado durante la lectura de la saga: la sala de pociones, el gran comedor, el gorro seleccionador, los cuartos comunes, el campo de quidditch, ¡hasta la Nimbus 2000! Además, le pareció que todo aquello era mucho más bonito que en las películas, más detallado, colorido, grande… Sin duda, superaba sus expectativas.

Vagó por los jardines de Hogwarts cuando la envolvió una ráfaga de viento. Lucía cerró los ojos y, al abrirlos de nuevo, se encontró con que había cambiado el lugar.

«¿Estoy en Narnia?», se preguntó a sí misma.

Echó a caminar por el reino, hasta que descubrió Cair Paravel, el imponente castillo. Allí encontró todo tipo de criaturas mitológicas, incluso animales parlantes. Y vio pasar a Aslan, el gran león.

Cansada, se tumbó a echarse una pequeña siesta. Al despertarse se encontraba en un nuevo mundo. Se le acercó un niño, al que enseguida reconoció.

–¡Capi! –lo saludó.

El protagonista de la novela “Invisible” no la escuchó. Parecía presa del miedo. Los ojos acuosos, la palidez y su expresión lo decían todo.

Detrás de él apareció MM, quién miró a ambos lados para asegurarse de que nadie le veía, y se acercó al niño, dispuesto a volcar su ira en Capi, como siempre. Todo se debía a que en casa del abusón nadie se preocupaba por él, lo que le perturbaba tanto como para querer hacer infelices a los demás.

Lucía no pudo hacer nada por Capi.

–¡Eh, tú, capullo! –lo insultó MM.

Capi cerró los párpados, como si así fuese a evitar lo que le venía.
El matón levantó la mano, dispuesto a soltarle un puñetazo, pero algo le frenó y le hizo salir huyendo.

La profesora que llevaba el tatuaje del dragón en la espalda, se acercaba por un camino.

Cuánto admiraba Lucía a aquel personaje cuando aparecía en la novela.

«Ojalá todo el mundo fuera valiente como ella, para enfrentarse con el acoso cara a cara», pensó.

Convencida de que la profesora no podía verla ni escucharla, se acercó, dispuesta a confesarle en voz alta lo mucho que la quería. Para su sorpresa, aquella mujer la abrazó y le susurró al oído:

–Siempre haz caso al dragón.

Antes de que Lucía pudiera responderla, una nueva ráfaga la obligó a cerrar los ojos. Al volver a abrirlos, se encontró con una niña que había guiado su infancia.

–¿Matilda?

–Lucía, por fin has llegado –le respondió.

–¿Me conoces? –le preguntó conmovida.

–¡Por supuesto!

–¿Por qué? ¿Qué hago aquí?

–Lucía, eso no puedo decírtelo, pero te pido que nunca dejes de leer.

Todo se desvaneció cuando Lucía despertó en su cuarto. Alrededor de su cama se encontraban aquellos libros.